La
aventura africana y equinoccial del Rey ha dado lugar a muy curiosas
reacciones monárquicas en este patio de Monipodio dominado por el
comadreo. Cuando el secretario general de los socialistas madrileños
expresó su parecer sobre el asunto en estos términos:“Ha llegado el momento en que la Casa Real se plantee, en este caso, el Jefe del Estado, que tiene que elegir entre las obligaciones y las servidumbres de las responsabilidades públicas o una abdicación que le permita disfrutar de una vida diferente”
No son muchas las ocasiones en las que
coincido con las opiniones de Tomás Gómez,, pero en ésta sí. No entiendo
por qué se ha llegado a decir que se trata de un ataque oportunista a
la monarquía, amén de imprudente e irresponsable, al cuestionar el
edificio constitucional en momentos como estos. debe de ser esa
incompatibilidad básica del español con la verdad y con los hechos, que
hoy denuncia Arcadi Espada en su columna.
No hay tal, a poca atención que se ponga
en la lectura. La abdicación es un lance de la Monarquía y Gómez ni
siquiera trata de imponerlo; sugiere al Rey que ha de elegir. Para
ejercer la jefatura del Estado hay que aparcar algunas aficiones y
algunas compañías, especialmente en circunstancias de desolación. Soplar
y sorber no puede ser y cuando eres Rey a veces tienes que sacrificar
tus aficiones o tus afectos. Esto es algo que en la zarzuela solo parece
practicar la Reina, según oportuno recordatorio de Lucía Méndez:
“La Reina guarda las formas aunque eso no quiere decir que sea una piedra sin emociones ni sentimientos, ni sangre en las venas. Puesto que no es una persona normal no puede llorar, ni mostrar emociones ni expresar su dolor. Ni siquiera puede quejarse aunque motivos tiene de sobra”.
David Gistau critica razonablemente a este retén de socorro de la monarquía, que interviene al grito de:
“a quién se le ocurre desgastar a la corona en un país que se desmorona en todos los sentidos, incluida la autoestima”
Ah Rosa Montero, una mujer que ha dado sobradas muestras de sensatez en el pasado, se desmelena hoy en un paréntesis que se carga de un plumazo la arquitectura de la columna:
“Pero desde que he visto las fotos del Rey convertido en un vetusto Gran Soberano Matarife en África (más parecido a Idi Amin que a la Reina Margarita de Dinamarca, por poner un ejemplo), me ha entrado un frenesí republicano.”
¿El Rey de España se parece más a Idi
Amin que a Margarita de Dinamarca? Hombre/mujer, sí si estuviéramos
hablando de los atributos sexuales, no tanto si nos fijamos en el color
de la piel y, sobre todo, en nada si nos fijamos en que España y
Dinamarca son monarquías parlamentarias y la Uganda de Amin parece que
no.
Salvador
Sostres ha escrito un par de comentarios en su blog en contra de todo
lo anterior, pólvora en salvas, una añoranza de la Monarquía Antiguo
Régimen:
“A un rey se le puede cortar el cuello pero no se le pueden discutir las cacerías. Puedes preferir la república, pero no una monarquía de Seat Ibiza y menú de mediodía. Si cuando ves a la Reina de Inglaterra no comprendes que estás ante la máxima expresión de sofisticación, distancia y lujo, no hay nada que yo pueda hacer por ti y todo lo que vivas caerá en saco roto.”
Eso que el articulista llama monarquía de
Seat Ibiza y menú de mediodía es la monarquía parlamentaria, sometida a
esas mariconadas pequeñoburguesas: una Constitución, las leyes que
elabora y aprueba el Parlamento y él sólo promulga, en vez de dictar lo
que le salga de sus reales partes. Amin Dadá sí que era un rey en este
sentido, mira. Por otra parte, ya que cita a la Reina de Inglaterra
habrá que considerar rigideces que él no contempla. El tío de Isabel,
Eduardo VIII, se enamoró de una persona inadecuada para esa monarquía
tan de verdad y tuvo que abdicar. O estamos a Rolex o a setas. No se
puede tener todo.


15:54
赫尔曼abuelo me duelen los oidos赫尔曼