La izquierda española es en sí misma un
rompecabezas multicultural en el que coexiste el enciclopedismo francés
de Diderot, an la más repugnante de sus frases: “con las tripas del
último cura ahorcaremos al último rey” y la secta de adoradores de Walt
Disney, pasados por la deconstrucción marxista de Mattelart y Dorffman:
‘Para leer al pato Donald’. El tipo que ven en la foto es un concejal de
Izquierda Unida de Badajoz y ha comentado el accidente con una escopeta
de un niño en los términos siguientes:
“Lamento que el nieto del Rey se haya pegado un tiro en el pie con la cantidad de sitios que hay en el cuerpo para pegarse un tiro”.
Hace falta ser muy miserable, o, como dice Ussía en la Última de La Razón, ‘Abyecto‘. Pero no toda la izquierda es así, ya digo. Maruja Torres escribe en la Última de El País una sentida carta de pésame
a las viudas y a los huerfanitos de los elefantes africanos para darles
el pésame por el genocidio que entre ellos practica el gran cazador
blanco y pedirles perdón por ello. El gran Joaquín Vidal titulaba su
crónica taurina en La codorniz con una expresión que también podría
copiarle la Torres antitaurina: “Las vacas enviudan a las cinco”. En las
secuencias finales de las películas de Tarzán, que también debieron de
impresionar mucho a Maruja Torres, gran cinéfila, Johnny Weissmüller se
enfrentaba a los cazadores de elefantes, codiciosos de marfil y, con su
primitivismo de buen salvaje, les rompía la escopeta.
Siempre me pregunté por qué nos ha
influido tanto el animalismo de Tazán y las pautas de Disney. Si se
fijan, sólo nos conmueve, como a Torres, la muerte de los mamíferos. En
todas las películas de Tarzán hay una pelea a muerte del hombre mono con
un cocodrilo. Para salvar a Jane, para salvar a Boy, o también en
peligro de muerte y si se había de comulgar. Pero al cocodrilo, animal
de sangre fría, que lo vayan dando. No sé si ustedes se fijarían, pero
el pobre cocodrilo era el mismo en todas las películas.
En cada hombre/a de izquierdas hay un San Francisco de Asís, un Francesco en la piadosa visión de Rossellini.


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赫尔曼abuelo me duelen los oidos赫尔曼
