Miguel Ángel Aguilar bautizó a Baltasar
Garzón como ‘el juez Campeador’ hace años y aquí lo tenemos hoy en su
doble alternativa; por una parte, ejerciendo como abogado con un caso
famoso: el del presunto ladrón de wikileaks, Julien Assange, que es un
asunto verdaderamente interesante: Lo que se está dilucidando en primer
término no es la acusación de haber vendido a mansalva mercancía
informativa robada, sino la petición de asilo a la república de las
garantías individuales que es el Ecuador de Correa, para que el Reino
Unido no conceda su extradición a Suecia, donde le espera un proceso por
las denuncias de dos ciudadanas nativas que alegan haber copulado con
el acusado -en ocasiones distintas, no a la vez, que conste -y sin que
el acusado se pusiera preservativo, a pesar de la advertencia de Joaquín
Sabina: “si tu película es vivir cien años/ no lo hagas nunca sin
condón”.
Estamos ante uno de los momentos cumbres
de la historia del derecho: establecer con cuánto entusiasmo deberían
haber solicitado las demandantes las atenciones sexuales del
representado de Balta Garzón. Qué gran asunto para Dürrenmat. El otro
tema es la sentencia de la Audiencia Nacional que exculpa al narco
Laureano Oubiña porque el juez instructor Baltasar Garzón ordenó
escuchas ilegales por un delito de blanqueo de dinero del que fue
absuelto por los vicios procesales. Según la sentencia, cometió tres
errores: decisión de incoar las diligencias previas indebidamente
razonada, injustificada decisión de acordar las escuchas y la
inexistencia de control judicial exigible para las mismas.
El juez Campeador: tras su muerte
judicial disfruta de la vida perdurable en el terreno de la abogacía y,
aproximadamente igual que el Cid, sigue perdiendo batallas después de
muerto. No diré yo que el comportamiento de Garzón en es asunto Oubiña
haya incurrido de nuevo en prevaricación, doctores tiene la santa.
También puede ser que lo haga mal, pero no a sabiendas, que sea torpe o
distraído. El primo del absuelto, pactó con el fiscal y se queda con la
condena pactada, porque su confesión fue libre y no estaba contaminada.
Cuánto más le habría convenido confiar en la instrucción de Baltasar.
Naturalmente, el turno de oficio del ex
juez ha salido en defensa de su buen nombre y de su quehacer profesional
y para denunciar las connivencias de la Audienca Nacional con el
narcotráfico. Lean, por ejemplo, al gran Jiménez Villarejo:
“A partir de un tribunal que es nulo, de una sentencia que carece de fundamentos rigurosos y la culminación de una venganza institucional, es un día para estar abochornado (…)La Audiencia Nacional es un tribunal arrodillado al narcotráfico que representa Oubiña; hoy es un día de vergüenza para el sistema democrático, judicial y para la Audiencia Nacional”El exfiscal Anticorrupción considera que “nunca podrán perdonar a un juez como Garzón, que ha ordenado la detención de Pinochet, que ha girado 180 grados la justicia universal, que ha puesto en marcha los mecanismos de la persecución de la delincuencia financiera, que ha hecho frente como nadie al terrorismo de Estado de los GAL o que ha impulsado como nadie lo que ahora estamos viviendo como el final del terrorismo de ETA”.En este contexto, ha calificado a los jueces de la AN de “casta de burócratas al servicio de la venganza institucional” antes de añadir: “Esta sentencia es un balón de oxígeno para el narcotráfico imperante en España y una coerción expresa a cualquier magistrado que decida acordar un sistema de investigación legítimo como son las escuchas telefónicas”.
Además de Villarejo, lean lo que escribió, también con mucha convicción, aunque con menos gracia, Mercedes Gallizo:
“Hay quien piensa que con el juicio y la sentencia sobre las escuchas de Oubiña se está castigando a un juez singular, egocéntrico, ambicioso, poco cuidadoso con los procedimientos… Yo no lo creo. Se están santificando las reglas de un juego repugnante: el de la utilización de los principios del Estado de derecho para blindar hasta el infinito la cobertura legal de la delincuencia organizada de altos vuelos.”
La Audiencia Nacional ha hecho caso omiso de la advertencia de Martín Pallín:
A los amantes de la exquisita técnica jurídica les recuerdo que Carl Schmitt y Edmundo Mezger, eximios juristas, construyeron y reforzaron el arco jurídico del III Reich. Ya lo dijo Cicerón cuando advertía, en uno de sus textos: “Summun ius, summa iniura”. A veces, el exceso de formalismo nos puede llevar a la injusticia.


18:09
赫尔曼abuelo me duelen los oidos赫尔曼